jueves 14 de mayo de 2009

Deslizándose sobre la nevada Alaska

Ha llegado la hora de adentrarse en Alaska. Matt sale bien pronto a reunirse con una amiga y yo preparo mi mochila para viajar hacia el sur. Bendito sea el couchsurfing, que me permite dejar en la casa cosas tan poco útiles como el disfraz de mosquetero y los apuntes de la universidad. Como regalo de despedida, aun cuando nos debemos ver nuevamente las caras en cinco días, me obsequia con una cera de bigote que trae un peine y todo. Presuntamente, este producto debe ser capaz de evitar que mi barba se separe en dos puntas. Lo añado al equipaje para hacer pruebas en los momentos de gran aburrimiento, y subimos al coche directos hacia la salida de la ciudad. Una vez en la autopista, me abandona y empieza la fatigosa tarea de hacer dedo.

Tanto el día como la carretera son preciosos


115 millas hasta Seward, una buena pila de quilómetros


La última vez que había intentado hacer autoestop en una autopista, tres años atrás en Alemania, acabé teniendo que coger un bus y un tren tras mucho rato perdido. Al principio, esta actividad resulta un poco desesperante, puesto que la cantidad de coches que pasan es muy alta y por lo tanto también el número de gente que te rechaza. Si uno no se sabe controlar, puede terminar de muy mala hostia. Otro problema derivado del alto tráfico es que pasas demasiado rato con el dedo levantado, y no es una postura que se pueda mantener con especial comodidad. De todos modos, al cabo de un largo cuarto de hora un ancho coche familiar negro se detiene a mi lado y un pelirrojo barbudo me abre la puerta. No tenemos el mismo destino final, pero me acompañará un buen tramo.

Su nombre es Sean, y lleva cinco años viviendo en Alaska porque es un enfermo del esquí. Ha venido a Anchorage a por provisiones porque en su pequeño pueblo, Hope, todo es demasiada caro. Especialmente cuando llevas dos semanas con cero dólares en la cuenta corriente y tienes que vivir de prestado gracias a tu chica mientras esperas que pasen quince días más para el inicio de la temporada de escalada. El verano es el momento en que se gana las habichuelas, haciendo de guía en Mont Denali, la cumbre más alta de Norteamérica con 20320 pies (6194 metros), y una elevación vertical mayor que la del Everest si es tiene en cuenta la altura a que se encuentra la base. Mientras tanto, si puede, trabajará picando piedra en una cantera cercana. Es un tío de puta madre y charlamos un poco de todo: deporte, mujeres, viajes, ciudades... Él es uno más de los que piensan que mi inglés es muy bueno, y también de los que se despiden de mí con la promesa que nos veremos en el Mundial. Si todos cumplen su palabra, el clamor popular me hará invencible.



En el cruce entre Seward y Hope, no pasan tantos coches pero la espera es mucho más corta. Me recoge una pareja que tiene el detalle de dar media vuelta tras haber pasado de largo en primera instancia. Los dos son profesores en la Universidad de Alaska. Ella es rusa y me explica que se encuentra como en casa porque por aquí hay mucha inmigración soviética. No sé si es por su país de nacimiento o porque la tengo sentada en frente y no puedo leerle los labios, pero el caso es que habla rapidísimo y no entiendo la mitad de lo que dice, así que me dedico a aceptar los caramelos que ofrece (comida gratis!) y me entrego a las respuestas ambiguas durante un largo rato. Cool, mmm, great, aha, amazing, nice... Lo que sí entiendo es que Barcelona es la ciudad favorita de sus padres. Siempre pasa, dices que eres de Barna y no falta quien ha ido o tiene un familiar o amigo allí o se muere de ganas de visitarla, pero el caso es que todo el mundo piensa que es la crema.



Ellos se dirigen a Homer, por lo que nuevamente me encuentro en medio de la autopista pero por poco rato. Ahora es un señor de cabello blanco y gafas que debe rondar la cincuentena quien me recoge. Olaf, se llama, y como los anteriores también adora Alaska aunque ya no vive aquí y sólo está de paso por negocios. Siempre les pregunto que como llevan el invierno, y todos responden que les encanta el frío y la nieve, supongo que es inevitable, pero seguiré con mi encuesta hasta que encuentre alguien que me diga que lo odia. Con este tío, también muy agradable, la conversación gira alrededor del bipartidizado sistema político yanqui, el poder real de Obama y la mierda de entregarse al voto útil.

Si corres hacia arriba, estás salvado


Y ya estamos en Seward. Me deja en la biblioteca y enciendo el portátil para contactar con el amigo local de Matt, pero vive en las afueras y ya está en su casa, por lo que me acerco al camping que hay en primera línea de mar para desplegar mi carpa. Diez dólares es un auténtico abuso por una cosa que no pasa de ser una zona de acampada, sin duchas ni cocina ni un maldito enchufe al cual poder conectar aparatos eléctricos. Como aquí no se hace de noche hasta las mil y confío en mis piernas, me encamino hacia la principal atracción montañosa de la ciudad, el Mount Marathon, una cumbre de 3022 pies (921 m) que ofrece una excelente vista de la bahía y en la cual se disputa cada 4 de julio una carrera que los ganadores cubren en menos de cuarenta y cinco minutos.





Esto tiene toda la pinta de ser el camino correcto...


Como ya me había pasado en mi penúltimo fin de semana en Chile, nada más empezar a andar veo una inclinada vertiente por la cual tiene que haber aludes constantemente y decido que ésta es exactamente la vía que me me llevará directo al punto más alto. En aquella ocasión, desistí tras veinte minutos porque no había forma humana de seguir adelante. Aquí, pero, se puede continuar con mucha voluntad, y esto es precisamente lo que hago. Con una pendiente que supera generosamente el treinta por ciento y una superficie arenosa que cede constantemente bajo mis pies la tarea es muy penosa, pero yo soy tozudo como una mula. En un momento dado, adivino unas formas blancas a mi derecha y descubro sombrado que se trata de cabras montesas, fascinante animal que encarné en una vida pasada. Las saludo con entusiastas gritos pero pasan de mi cara, así que sigo hacia arriba.

Ya no hay vuelta atrás


Lo peor de todo es que no sé del cierto dónde está la cumbre, sencillamente me dirijo al punto más alto que soy capaz de ver. Tampoco tengo idea de cuál puede ser el camino de vuelta, puesto que deshacer mis pasos no resulta demasiado practicable a no ser que se se considere uno un experto jinete de avalanchas. Sigo adelante en línea recta, y si esto significa que debo atravesar una zona de nieve, la atravieso; y si esto significa que me debo poner a cuatro patas, me pongo; y si esto significa que mis manos se deben helar, que se hielen; y si esto significa que me debo mojar las zapatillas, los calcetines y los pies, me los mojo. Así es el Camino de los Hombres. Desesperante, algunas veces. Extenuante, siempre. Por esto, cuando veo tres figuras moviéndose unos metros más arriba, me llevo una gran alegría. No estoy demasiada lejos del camino. Se paran a descansar y una de ellas me saluda. Se diría que son dos niños y un adulto.

Salvado!




Cuando yo estoy casi a su altura, me llega una voz. Cómo estás? La idea que alguien realmente haya dicho esto es tan absurda que hago como si no lo hubiera oído. Me esperan sentados en una roca, son tres niños. Where are you from? Respiro profundamente. Barcelona, Spain. Uno de ellos se vuelve loco de alegría y se dirige al otro. You got it, bro! How did you know it? You don't even speak spanish! Increíble, absolutamente increíble. Ni siquiera me había visto la cara, de tan encorvado cómo estaba subiendo. Era un tiro a ciegas, y lo ha acertado de pleno.

No estamos nada lejos de la cumbre, y me uno a su partida mientras empieza a nevar. El niño del comoestas, en una notable demostración de hasta qué punto es saludable la gente por estas latitudes, corona en primera posición y pantalón corto mientras come algo de nieve. He aquí el secreto de su dieta! Yo tengo un frío espantoso, y no veo el momento de bajar. El otro chico, que tiene dieciocho años y es el líder natural del grupo, se pone a habla de tirarse montaña abajo deslizándose sobre el culo con una ancha sonrisa a la cara. Le hago que sí con la cabeza, convencido de que va en broma, pues me parece una completa locura. Se saca los pantalones para ponerse unos de esquí y le pasa una bolsa de plástico al otro tío. Are you ready? Hostia santa, esto va de veras. No conozco el camino, por lo que mi única opción es seguirlos, y si llego abajo de una sola pieza y con el portátil intacto, seguro que será una gran experiencia.











El culo actúa de trineo, los pies son los frenos, y los codos el timón. Los chicos marcan la pista a seguir y yo les voy detrás con entusiasmo, pero procurando no coger demasiada velocidad, pues el desnivel sigue siendo bestial y en cualquier momento la nieve puede ceder para dar paso a un río subterráneo o una roca maciza. Por suerte, el líder es un aprendiz de bombero de lo más responsable que constantemente me alecciona sobre los secretos de la montaña. La hora y tres cuartos de ascensión se convierten de este modo en sólo veinte minutos de emocionante y entretenido descenso, con un único pero. Ya no hay un solo centímetro de mi ropa que no esté mojado del todo, la nieve se ha introducido por todos los agujeros de mi ropa, y tengo el culo helado.





Los chicos se citan en casa del líder para una taza de chocolate caliente. Oh, I would give anything for a hot chocolate! No cuela, pero de todos modos me dejan en el camping y pronto me reencuentro con el placer de una vestimenta seca. El resto de las carpas están ocupadas por familias, y todo dios está haciendo barbacoas. No tengo nadie con quien comer, ni dinero para gastar en carne. Si me quedo aquí, me sentiré profundamente solo y miserable, así que salgo a dar una vuelta con el portátil a la espalda buscando algún lugar dónde enchufarlo.

3 comentarios:

  1. hwaHAWAWHAWH
    celenteeee
    oye se me congeló el culo con el video wn !!!!!

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  2. Jajaja, yo sé, Juanfri, fue briyid!

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  3. Felicidades Lozano! Ya puedes responder afirmativamente a la pregunta: "Has esquiado alguna vez con tu culo?" No sé si te servirá en el futuro, pero...quién sabe? Igual sí.

    Jejeje
    Ále

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