domingo 17 de mayo de 2009

Kenai Fjords National Park

El despertador suena antes de las siete. Me pongo la misma ropa apestosa de los días precedentes y recojo mis cosas en un abrir y cerrar de ojos. Y ahora, qué? Siendo domingo, yo creo que me puedo permitir un pequeño lujo y me acerco a una cafetería próxima a desayunar un bagel con queso fresco instalado en un cómodo sofá con una rápida conexión a internet. Concentrado en la agotadora tarea de poner el blog al día, alguien se acerca a mí. Hey, shouldn't you be working on your moustache championship? Totalmente sorprendido, descubro la cara de la chica femenina de la sauna nudista. En Chile me empecé a sentir como en casa la primera vez que encontré alguien conocido por la calle. En Alaska, no he necesitado ni cuatro días.

Charlamos un rato, es una tía muy agradable y me ofrece ir a desayunar a casa de unos amigos. Increíblemente, declino la propuesta porque quiero terminar lo que tengo entre manos. Me pregunta qué he estado haciendo, me felicita por mi inglés mientras se atreve con algunas frases en español aprendidas en la escuela, y pregunta si he visto ballenas. Oh, sí, el otro día en un tour que... No, que si quiero oír un chiste sobre ballenas. Ah, claro que sí, mujer, adelante. Siempre me pasa, contesto aunque no esté seguro de haber entendido bien la pregunta. O lo que es peor, directamente lo entiendo mal y contesto según lo que mi cabeza ha interpretado. El verano pasado, estando en California con Carolina, hasta cinco veces respondí From Spain a preguntas que nada no tenían que ver con mi lugar de origen. Antes de despedirse, Keyla me aconseja un lugar próximo que es bien guapo y me da sus datos para ir juntos a un festival musical justo antes del Mundial. Qué tía más guay, y mientras se dirige hacia la puerta, no puedo dejar de pensar que ya la he visto desnuda.





WATER-TAXI, per si la marea canvia abans de tornar a casa




Publico el artículo de la sauna y me dirijo a Lowell Point, siguiendo la recomendación de esta moza. Bajo un cielo tan azul, las águilas sobrevuelan mi cabeza cada cierto tiempo, en un espectáculo magnífico que nunca me cansaría de contemplar. Una hora de camino por una polvorienta carretera costera y un bosque nevado desemboca en un espectacular terreno de larga hierba amarillenta y árboles desnudos y muertes, que contrasta fuertemente con el mar que se extiende a un lado y los frondosos bosques que lo hacen al otro. La historia de este lugar es que un poderoso terremoto provocó un derrumbamiento del terreno en el año 1964, sometiendo a la venenosa agua salada las raíces arbóreas presentes. De propina, el tsunami consiguiente destruyó gran parte de la ciudad.







Retomando mis planes originales, vuelvo atrás y levanto el dedo con tanta fortuna que el primer coche que pasa se para y me deja en las afueras de la ciudad, dónde sí hay un supermercado. Los precios son absolutamente escandalosos, dos manzanas por tres dólares, una bolsa grande de patatas fritas por cinco, un botella de un litro de agua a dos billetes... A golpe de ofertas, gasto diez dólares en pan de molde, queso fresco, mortadela y plátanos, y lleno el estómago gracias a un expositor de cacahuetes bañados en chocolate que debes poner en un bolsa pero nadie controla si te los comes allí mismo. Preparo un bocadillo sentado en medio del aparcamiento como un auténtico vagabundo, y autoestopeo de nuevo con facilidad gracias a un ecologista que estuvo en Barcelona durante los Juegos Olímpicos.



Ya dentro del Kenai Fjords National Park, el monumental Exit Glacier dispone de una zona de acampada gratuita, como debe de ser. De doce plazas existentes, yo soy el único ocupante, y una vez instalado marcho hacia la montaña con la intención de subir el camino de seis horas que desemboca en el Harding Icefield (Camp de Hielo Harding). En un primer momento, dejo el portátil en el campamento, pero después vuelvo a buscarlo puesto que, pese a estar convencido que nadie registrará mi tienda, sé que no podré dejar de pensar en el tema. Ya en la montaña descubro que, desgraciadamente, calzo las zapatillas de correr y la vía está llena de nieve por todos lados, por lo que debo renunciar cuando los calcetines empiezan a estar demasiado mojados. Paso la tarde contemplando el glaciar y sus perfectamente apreciables morrenas, el cúmulo de piedras y barro acumulado al triturar la montaña que se acumula en los flancos y al frente de los glaciares. Nunca había visto una prueba tan clara del retroceso de estos monstruos de hielo.





Las montañitas que hay frente al glaciar son la morrena


Se hace tarde y vuelvo al camping para escribir algo y cenar antes de ir a dormir. En la caseta hermética a prueba de osos hay alguien más, pero ni siquiera levanta la vista cuando paso ante él. Se confirma su ranciedad al sentarme detrás suyo, pues no deja pasar un minuto antes de levantarse para abandonar la zona. Buenas noches, hijo de puta.

2 comentarios:

  1. ooooh :O
    excelente cuenta regresiva pal mundial
    hwahWAHWA
    8==)(==8

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  2. Olé, pero que aventura!
    Que aproveches mucho todo esto, y suerte en el mundial!
    petóns

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